Avui, Dolors, proposa un tema al cantant,
un que es rigui de tu i de mi i d’aquesta història que ja no és important.
Un que ens defineixi en tres acords,
un que ens expliqui a la posteritat,
un que conscientment sigui un punt i final,
Dolors, un que sembli impossible que pugui acabar.
Entró en la casa después de haber llamado al timbre un par de veces. “¡Hola! Hoy he tenido que venir antes. Espero que no te importe”, gritó al aire. Pero nadie contestó. Se encogió de hombros y se dirigió, más tranquila, al pequeño aseo de la planta baja.
Salió cambiada de ropa. Vestido negro y delantal y cofia blanco. Decidida, se fue hasta la cocina y de armarios y cajones comenzó a sacar trapos, guantes, detergentes, lejía y un sinfín de productos de limpieza que iba dejando en el cubo de la fregona que hacía las veces de cesto de trasporte. Cuando reunió todo lo que consideró necesario, tomó el cubo en su mano derecha, la fregona y la mopa en la izquierda y abandonó la estancia en dirección al comedor. Pero a medio camino algo la hizo deternerse.
Una pequeña vela encendida en el primer peldaño de las escaleras que llevaban a la primera planta. Y no solo una. Una vela en cada escalón impar parecían indicar un camino a seguir. “¿Hola?”. No respondió nadie. Pero esta vez, al mostrarse visiblemente más atenta, logró escuchar la música que provenía del piso superior. Se atrevió a avanzar lentamente. A medio trayecto ya pudo distinguir el tema musical que sonaba: una versión de “Roxanne” de The Police interpretada por George Michael. Sensual. Muy sensual. Su rostro, que inicialmente reflejaba una mezcla de temor e incertidumbre recobró en ese momento algo de color e incluso esbozo una sonrisa picarona. No se detuvo. Continuó ascendiendo.
Al llegar al rellano descubrió que la puerta de la habitación principal estaba entreabierta. Y también un nuevo sonido que acompañaba el ambiente: el de la ducha. Despacio, continuó adelante. Empujó ligeramente la puerta con la mano derecha. La izquierda había ido a parar al botón superior de su vesido, sobre el escote. Su labio inferior fue maltratado un par de segundos por sus dientes a la vez que se adentraba en el dormitorio. Sobre la cama, una bata de hombre y un camisón de mujer. Y en medio, una nota.
Se quedó un momento contemplando la silueta de aquel hombre en la ducha. Fueron sólo unos segundos en los que se quedó ensimismada, mirando y observando detalladamente cada músculo deformado por la mampara de la ducha. Hasta que reaccionó, y se acercó a leer la nota escrita con una letra marcadamente femenina.
“Espérame sin más ropa que la que encontrarás
al final del camino marcado con fuego”
Una lágrima borró la firma justo antes de desaparecer escaleras abajo
Inspirado por el tema Your House de Alanis Morissette
Di: ¿quien te cuidará cuando yo no esté; cuando me marche? Llevo tantos años encargándome de todos los pequeños detalles que rodean tu vida que, modestia aparte, nadie puede hacerte tan feliz como yo. Ni siquiera tú, que compartes conmigo la mayor parte de horas del día, creo que llegues a ser consciente de hasta dónde llega mi influencia, mis acciones.
En todo este tiempo he aprendido a conocerte por todos los medios a mi alcance. Al principio me guiaba por tus pasos, tus opiniones, tus órdenes… y poco a poco, sin que te dieras cuenta, llegué a saber más de ti que tú misma. Porque ya no me es necesario preguntarte si vas a venir a cenar a casa. Por tu tono de voz lo adivino. Sé por cómo pronuncias el “buenas noches” si tendrás un cocktail de compromiso, si debo preparar un vestido de noche provocativo o una bañera con sales relajantes. Soy una extensión de ti, de tu subconsciente. Sé mejor que tu, por el brillo que veo en tus ojos al abrirte la puerta, si necesitas una copa antes de ir a dormir o si lo que añoras es tener un amigo con el que poder desahogarte.
Crees que vas a extrañarme al no tener a alguien tan eficiente que recuerde a cada momento la medicación que debes tomarte, o porque te vaya a ser difícil encontrar a alguien que pueda memoriza toda tu agenda de compromisos profesionales y sociales. Y no sólo lo notarás en esos detalles, te lo aseguro. Porque además de preocuparme por ti, también lo hago por tus cosas. ¿Sabes? Tu portátil no sale solo de su maleta y se posa sobre tu escritorio cuando llegas a casa, ni se enfunda de nuevo en ella de madrugada para que esté listo de buena mañana. Tampoco tus perfumes recuerdan su posición exacta en el baño y se reordenan en tu ausencia, ni las estancias desprenden por ellas mismas el aroma que quieres encontrar cada día al volver a casa. Soy la sombra discreta que, mientras te preparas para dormir, prepara un vaso de agua en tu mesita de noche y desmenuza una rosa recién cortada para cubrir con el olor de sus pétalos tu almohada. Me he convertido en el acomodador de tu vida, y me he incrustado de tal manera en tu rutina que logro ocuparme de lo que te rodea en los que mi presencia es prescindible para ti.
Di: ¿quien te cuidará cuando yo no esté; cuando se acabe? ¿Habrá alguien que sepa ponerte media cuchada exacta de azúcar en tu café con leche? Dime: ¿quien te servirá unas tostadas con la mantequilla en su punto? ¿Quien te dedicará su primera sonrisa del día cuando esté lejos de ti, cuando mi vida se acabe?